Mundo Butterfly

@mundo_butterfly

lunes, 11 de mayo de 2015

Al final de la calle

Oscar Malca, este es el autor que en los 90's escribió sobre esta Ciudad de M donde corría la droga y se sentían las remecidas del rock. Este es el autor que creó una obra: Al final de la calle y es curioso, porque fue precisamente al final de la calle donde me asaltó la violencia y donde perdí esta obra (una experiencia que forma parte de su mística). El malhechor que se puso frente a mí, de piel cobriza, de mirada encendida, de talla metrocincuenta y tratando de ocultarse con la visera de su gorra Yankee; me decía entre sus muchos "conchatumares, vacea tu bolso", y yo obedecí. Por la ley de la gravedad, por la fuerza de mi nerviosismo empezaron a caer: el ejemplar de edición española (La Fabrica) de Los Cachorros, mis agendas y algunos artículos que terminaron con gotas de sangre impregnadas. Me perdí en el tiempo del asalto como para repensar en su momento que la obra de Oscar Malca no obedeció ni a mi fuerza, ni a la gravedad. En medio del asalto trataba de no moverme, un paso en falso podía ser trágico. Ya había contabilizado discretamente lo que yacía sobre el asfalto, olvidando completamente el libro de Malca en mi bolso. No era para menos, ver sangre correr desencaja a cualquiera. Yo la vi cuando voltee hacia mi derecha, el otro sujeto golpeaba la cabeza de nuestro amigo "que tienes ahí conchatumare", forcejeaba descontrolado. Cualquier movimiento en falso puede costar la vida en una ciudad como ésta, de M. Él solo trataba de proteger su celular (era todo lo que le quedaba). Con hilos de sangre dibujándose por su rostro, desde mi fluir interior alcé la voz: "que más les falta por hacernos". Después de intervenir, sé lo que siente ser valiente y en ese momento faltó lo que creyeron que podía asegurarles el negocio. "dame tu bolso conchatumare". Se lo entregué sin reparos, luego llegaron días de buscar "Al final de la calle" en cuentas de Facebook, en páginas libreras, también tuve que rehuirle al ofrecimiento mercantilista de un librero; decirle que era un libro para devolver a la universidad no fue lo indicado. Bueno, yo imaginé que los libreros llegarían a ser más sensibles que cualquier simple vendedor. Por eso decidí recorrer esta Ciudad de M como a las ocho de la noche por las guaridas de Quilca, lo curioso es que - aunque Quilca sea un paraíso para la piratería- para un libro como el de Malca, solo se camina para conseguir su versión original. Y es que la mística se puede entender desde ahí, desde lo escondido, desde lo anticomercial, desde lo más natural y sensato, como es la siguiente versión: Al final de la calle (2000) Editorial Libros para el desvío.
Desde ese sábado 18 de abril, noche en que perdí aquella edición hasta hoy 29 de mayo y siendo casi la una de la tarde, puedo comentar que este libro me ha atrapado, porque siento que desde los 90's (época en que mi adolescencia se confundía entre coche bombas y apagones) esta ciudad de M sigue inmersa en la violencia y en la sangre. Si tuviera que resaltar los momentos que se relacionan con este factor de la cruda realidad puedo transcribir aquí los siguientes extractos: "[...los dos sujetos  que lo habían empujado al baño lo sujetaban ahora del cuello y los brazos, mientras la voz de Dogo se le estrellaba en la cara. El primer golpe lo había cogido por sorpresa y aún  no llegaba a entender lo que ocurría; su cerebro parecía haberse detenido. Dogo estaba frenético y se dirigía a él amenazándolo  con el puño...Alguien lo ayudó a incorporarse y un nuevo puñetazo lo arrancó de su somnoliento asombro. Fue a dar contra la puerta del baño. Se derrumbó al piso e inmediatamente pensó que de ahí no se levantaría jamás. Error: una mano lo cogió de los cabellos y comenzó a tirar con fuerza, obligándolo a erguir el cuerpo entre cómica y desesperadamente. Cuando estuvo a punto de ponerse de pie por completo, una patada  fue a clavarse en su riñón izquierdo. M se dobló, pero sólo lo suficiente para que un rodillazo lo empalmara en pleno rostro...]
Las calles en esta Ciudad de M se vuelven tierra de nadie: [M volteó y se sobresaltó  al reconocer, a pocos metros de él,  a media docena de los niños que jugaban hacía un rato, acercándose con las sonrisas torcidas - inconfundible síntoma de haber inhalado Terokal -  y algunos cuchillos y piedras en la mano. Silvana lo miró  y se puso de pie alarmada. M hizo lo mismo, a la vez que  empuñaba la botella por el pico. Miró atrás,  tanteando una eventual vía de escape, pero se topó con la amenazante silueta de otro grupo de niños que salía de la oscuridad. Alrededor del parque, las calles estaban desiertas...Sin esperarlos, M se lanzó con todo, repartiendo botellazos a diestra y siniestra, tratando de no hacer caso de los cortes que le desgarraban la ropa y la piel. Se levantó una polvareda, pues peleaban en un sector del parque con muy poco pasto, y la batalla comenzó a desarrollarse en medio de jadeos y gruñidos destemplados. Entre una maraña de bracitos que se batían para clavarle navajas o introducirse en sus bolsillos, M vio que su amiga era presa de cuatro pirañas, que, no sin dificultad, la tenían en el suelo. Ella se defendía - en esa misma fracción de segundo uno de sus agresores acababa de recibir un puntapié en la boca - pero su furia parecía inútil ante la superioridad numérica... Silvana, entre gritos de cólera, se revolcaba en la tierra y trataba de pegarse al muro de la glorieta, con la estrecha falda levantada sobre sus caderas, el polo hecho jirones y los pechos casi al aire (manejando hábilmente filudas hojas de afeitar, los "pirañas" solían cortar la ropa de sus víctimas para así reducirlas con rapidez...]

Estas son algunas líneas creadas por Óscar Malca sobre ese imaginario llamado Ciudad de M, siendo M el personaje central, flotante en medio de una época a la cual me remite mi adolescencia y pasajes de mi vida.



Seguiré caminando en la búsqueda! Espero que también me asalte la casualidad.

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